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jueves, 29 de julio de 2021

Á L´HORA DEL TRENCH DE L´AUBA.

II


Á L´HORA DEL TRENCH DE L´AUBA.

MEDITACIÓ Y SÚPLICA.

Deus, Deus meus,
Ad Te de luce vigilo.
(Salm LXII.)


Ab la llum matinera de la diada,
Ab les gayes cançons del passerell,
Oh Deu, mon Deu, desperta
L´ánima mía, pren assedegada
Son vol rápit envers vostre Escambell.


II


Á LA HORA DEL ALBA.


MEDITACION Y SÚPLICA.

Con la primera luz del día, con las alegres canciones de los pajarillos, oh Dios, Dios mío, despiértase mi alma, y toma, sedienta de Ti, su rápido vuelo hacia tu Trono.


Jau lo còs en lo llit, mes ab dalera
Mon pensament s´enlayra fins á Vos.

¿No sou font sanitosa
Que la carn esmortuida regenera,
Que fa s´alegri l´esperit dolrós?

Del erm los solitaris en esta hora
La salmodia començan del matí;
Al sò d´una campana,
Que´s sent de los pinars per més enfora,
Ab fe us demanan lo socors diví.

Pare nostre, qu´estau en les altures,
De resplendentes glories rodejat,
Com l´ermitá us imploro;
Permeteume que conte desventures,
Que us demane consol per caritat.

¿Lassa còm no ha d´estar l´ánima mía
Si per tot vostre Nom veig malehir,
Y, ensenyorint la terra,
Axecarse ab ergull la flastomía,
Fahent als hòmens del Creador fugir?


Aun ántes de levantarse de la cama el cuerpo, anheloso mi pensamiento se remonta hasta Ti. ¿No eres la fuente de salud, que regenera la enfermiza carne, que alegra el doliente espíritu?

Los solitarios del yermo principian ahora la salmodia matutina; al són de una campana, que resuena más allá de los pinares, con fe impetran de Ti divino auxilio.

Padre nuestro, que estás en los Cielos, rodeado de resplandeciente gloria; como el ermitaño te imploro. Permíteme que te cuente desventuras; que por caridad te suplique me consueles.

¿Cómo no ha de estar angustiada mi alma, si por do quiera oigo maldecir tu santo Nombre? Írguese estólida la blasfemia, enseñoreándose del mundo; los hombres huyen de su Creador.


Lo Regne de la pau y la bonesa
Que Vos vinguéreu á establir al mon,
´Par que retut ne quedi.

Triunfa lo mal, s´engrexa la vilesa,
Floca la guerra, la justicia´s fón.

La Voluntat del univers regina,
Qui del no-rés tragué los mars, la llum,
La gran naturalesa;
La Voluntat, dels ángels lley divina,
Menysprehada n´es de vanitat pe´l fum.

Guaytáu, Senyor, desde lo trono altíssim,
Guaytáu... No hi há nengú que fassa ´l bé;
La miseria ´ns atupa;
Per moltes parts hi falta lo suavíssim
Pa d´esperit, y´l de lo còs també.

¡Ah! Si d´amor la font veym estroncada
Y l´arbre de la ciencia enmatzinat,
Si´l cor y el seny patexen;
La descarnida fam, la set irada,
Del còs de molts gaudexen á ciutat.


El Reino de la paz y la bondad, que Tú viniste á establecer en el mundo, aparece derrotado. El mal triunfa, se engorda la vileza, es aclamada la guerra, desconócese la justicia.

La Voluntad reina del universo, que de la nada sacó los mares, la luz, la grandiosa naturaleza; la Voluntad, divina ley de los ángeles; es acá abajo despreciada, por el humo de los vanos caprichos.

Mira, Señor, desde tu trono altísimo; mira... Nadie practica el bien. La miseria nos azota. En muchas partes falta el dulce pan del espíritu, y áun el del cuerpo.

¡Ah! que se ha secado la fuente del amor; que se ha envenenado el árbol de la ciencia. El corazon y el entendimiento sufren. Y por cima de eso, la descarnada hambre, la rabiosa sed, se apoderan de muchos infelices en las ciudades modernas.


Y ´ls contratemps los hòmens no sofferen,
Y, omplerts d´enveja y de mortal rencor,
Foch del infern vomitan;
Los deutes de son pròxim no alleugeran,
Y ´ls oys cobejan enjegant l´amor...

L´ánima mía fins al moll dels òssos
Assabarada d´amargor está.

L´ampla terra consiro,
Y l´infantívol innocencia, trossos,
Ab vell vestit, despellissada vá.

Aydat de los plahers ab la falsía
Per fernos renegar vé el tentador;
Ens breça, ens afalaga;
Per places y carrers, de nit y día,
Rialler presenta lo pecat traydor.

¡Oh Pare, Pare nostre!, ¿ens abandona
La omnipotencia? La que ´ls lliris vest;

Y á les aus boscatanes
En lo xarmat ivern socors les dona,
¿A Satán nos entrega que ´ns envest?


Y los hombres no soportan con paciencia los contratiempos; y, comidos de envidia y de mortal rencor, vomitan fuego del infierno. No perdonan las faltas del prójimo; abrigan, sí, los odios, cerrándose al amor fraternal.

Mi alma está anegada en amargura, hasta los tuétanos. Contemplo la redondez de la tierra: la cándida inocencia anda por ahí destrozada, con viejos arreos, horriblemente andrajosa.

Ayudado de los falsos placeres, para hacernos apostatar, viene el tentador. Nos acaricia, nos halaga; por calles y plazas, de noche y de día, nos presenta risueños los más infames vicios.

¡Oh Padre, Padre nuestro!, ¿nos abandona la omnipotencia? La que viste los lirios del valle, y en el desnudo invierno ampara las aves del bosque, ¿nos entrega á la furia de Satán?


¡No, per ditxa!... Lo sol sa llum destrena,
Y de la boyra axuga ´l regalim;
Sol de la pura gracia,
Envïaunos un raig de llum serena,
Calor qu´axugui dels pecats lo llim...

Vejentme past de l´infernal llobera,
Moltes vegades invoquí ´l sant Nom;
Vos lo crit exoíreu
Y me lliuráreu de l´horrible fera,
Perque sou sempre el lliurador del hom.

Aveníu, donchs, bon Deu; per la clemencia,
Per la Mare puríssima eus ho dich;
Ohíu la humil pregaria.
¡Daunos ajuda, santa Providencia;
Agenollat posantme eus ho suplich!

Senyor, vostra fortesa vencedora
Habite avuy en lo pregon dels cors;
Y la virtut s´axequi,
Com al bes de la rohada animadora
S´axecan ara les mostisses flors.

Janer 1871.


¡No, por dicha!... El sol destrenza su cabellera de luz, y enjuga el reguero de gotas caídas de las nieblas. Sol de pura Gracia, envíanos un rayo de serena lumbre, cuyo calor enjugue el cieno de los pecados.

Viéndome pasto del lobo infernal, otras veces invoqué el santo Nombre. Tú oíste mi grito, y me libraste de la horrible fiera; porque Tú eres siempre libertador de los humanos.

Vén, pues, oh Dios. Por tu clemencia, por tu purísima Madre te lo ruego. Acoge mi humilde plegaria. ¡Danos alivio, santa Providencia; te lo suplico de rodillas!

Señor tu invencible fortaleza habite hoy en lo profundo de los corazones. Y levántese la virtud; como, al beso del vivificante rocío, se levantan ahora las flores macilentas.

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