Mostrando entradas con la etiqueta Palma de Mallorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palma de Mallorca. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de mayo de 2022

POETAS MALLORQUINES

POETAS MALLORQUINES (1). (Extracto de REVISTA DE ESPAÑA Y SUS PROVINCIAS DE ULTRAMAR)

Marian Aguiló Fuster, Mallorca, ¡AXÓ RAY!, POETAS MALLORQUINES

SECCIÓN LITERARIA.

(1) En nuestro número del 15 del pasado octubre prometimos para el siguiente el artículo de los poetas cubanos, cosa que no pudo tener tampoco efecto por lo que dijimos aquel día; y hoy, que íbamos a cumplir con esta deuda, nos ha parecido también suspenderlo, para dar en su lugar el que acabamos de recibir extendido por el conocido literato el señor don Joaquín María Bover, residente en Palma de Mallorca, y que viene a ser como el ensayo crítico de los poetas de aquel suelo. De este modo, habiendo ya publicado el artículo de los poetas canarios, seguirá este y después el de los cubanos, más distantes que unos y otros de nuestra madre patria. La erudición y la crítica que se notan en este trabajo no desdicen por cierto de las prendas que este autor ha manifestado en otros. Hubiéramos querido en obsequio de su pensamiento y del gusto de nuestros lectores darlo íntegro: pero, no nos lo permiten los límites estrechos de que disponemos para las demás materias.

Mallorca, madre fecunda de hombres en todos conceptos eminentes, ha producido también, desde la antigüedad más remota, vates que supieron distinguirse en los certámenes que celebraban las academias de Barcelona y Tolosa. En el siglo XIII (sólo se lee III), cuando la rima vulgar empezaba y era tan estimada la que se llamó gaya scienciaBernardo Mogoda, uno de los caballeros que siguieron a don Jaime I en la conquista de esta isla, creído en el instinto de vaticinar y en el influjo de las estrellas, escribió en el estilo bíblico y oriental muchas predicciones de prosperidades y de infortunios.

Con las estrofas que siguen parece que quiso pintar la derrota que en 1343 (1349) experimentó D. Jaime III último rey de Mallorca.

Lo rey se despedía

ab sola una galera;

vindrá á la ribera

ja destrosada.

Dient ab ven (veu) alzada:

lo reina per qui sona,

dirán: per la corona

aragonesa."

Els contraris l' han presa

despres de la victoria;

per eterna memoria 

será perduda.

En la plassa venzuda

corps y voltons carnatje

faran en lo ribatje

dels homens presa.

Por aquel mismo tiempo vino al mundo Raimundo Lulio, aquel ingenio asombroso que antes que Bacon de Verulamio alzase el noble grito de libertad filosófica y mucho antes que el célebre Erasmo diera al orbe literario días de gloria y honor a las ciencias útiles; dotado por la naturaleza de vastos y grandiosos proyectos, de sublime talento y comprensión universal, dio un agigantado paso en la escabrosa senda del saber, y sepultando en el olvido las ridículas formas del ergotismo, al través de la atmósfera de oscurantismo en que yacían sepultados los pueblos de la Europa, cultivando las lenguas orientales, y observando el majestuoso y sencillo curso de las leyes que rigen al orbe físico, dio el ejemplo, que sirvió de pauta a los restauradores de las ciencias, de establecer sobre la observación y experiencia los conocimientos físicos, que auxiliados de las matemáticas son deudores a Lulio de los rápidos progresos que Newton y demás sabios de primer orden hicieron en el vasto campo de la naturaleza. El inventor de la aguja náutica y del ácido nítrico, el hombre grande de su tiempo, el mallorquín Raimundo Lulio, (Ramón o Ramon Lull) escribía a sus discípulos del colegio de Miramar en esta isla:

Rey poderos de l' alta cort divína

quil fragil hom volgués ab vos vnir,

teniu recort dels qui triste ruina

de mort cruel en esta vall mesquina

volen per vos passar y sofferir:

Datslos esforz d' honrar y venerarvos

yab (y ab) alta veu tots temps glorificarvos.

Frares menors ab ven (veu) clar argentina

recordats ja de qui 's volgué vestir

la nostra carn obrint del cel la mina,

á Miramar á la gent mallorquina

y al seu gran rey han fet prest construir:

aquets, Senyor, iran tots per loarvos (pone lo-arvos)

á convertir los moros en amarvos.

¿Qué tarden donchs de sonar llur botzina

los precadors que volen Deu servir,

bísbes, abats, priors quin la fusina

d' aquest mon trist per lór fan contramina

los pobres tots dexant de fam perir?

Que fan los reis que tarden en mostrarvos

quel seu tresor es sols en exalzarvos?

Grans y mitjans y chichs dins la cortina

d' oprobis grans me volen escarnir;

y amor ab plors y greus suspirs refina

mon esperit en vos qui sou la tina

del meu cos trist quis vol en vos languir:

lenteniment, volér en recordarvos

aumenten ja y en tot temps desitxarvos.

Servir donchs vull, humil verge Maria,

de mon poder, puis desitg esperanza

prest m'ha tramés. Blanquerna ¿quin sabria

dir hon teniu la vostra cetla pia

perqu' hey servis l' Etern yo sens tardanza?

y 'l meu desitg pogués tot saciarse

en ell en qui tot sol pot alegrarse.

El mismo Lulio empieza así su excelente plegaria al (pone la) Todopoderoso, plegaria que no ha visto aún la luz pública:

(Gerónimo Rosselló publica Obras rimadas de Ramon Lull escritas en idioma catalan-provenzal en 1859, seguidas de un glosario de voces anticuadas. El siguiente poema aparece con ligeras variantes)

Alt en lo cel hont es la cort divina

Ma pensa veu ab fervor inflamat

que vos, Señyor, plorau de la ruina

del mal etern á hont lo mon camina

y est gran mal vos te granment irát.

Plorau, Señyor, que mos ulls plorarán

ab dolros plant vos faran compañía

Señyor plorau que a Miramar irán (pone írán)

faels sarvents que per vos penarán

portant silicis dejunant cada dia.

Mirau Señyor las nafras canceradas etc. (Atentos a ñy, las, nafras, canceradas)

A principios del siglo XIV floreció el anónimo conocido con el nombre de mercader mallorquí, quien en una de sus poesías expresa elegantemente el desdén:

Cercats duy may, ja siats bella e pros

quels vostres pres e laurs eris plasents:

car vengút es lo temps quem aurets menys;

nom anziura vostro sguard amoros (auziura : ociure : occidere)

ne la semblanza gaya;

car trobat nay

altre quim play

sol que luy playa

altra sens vos perque lin voltray be

e tindrem car s' amor que axis convé.

Otro poeta floreció por aquel mismo tiempo que es notable por la pureza de versificación y por la perfección de lenguaje. Hablamos de Lorongo, hijo de Ferrario Roselló (Rosselló), consejero del rey don Jaime III de Mallorca y hermano de Saura casada con el infante don Sancho de este reino. Escribió un epitalamio al casamiento de su tía Blanca con el conde de Cardona y es de notar lo dulce y sentimental de la segunda estrofa.

A vos jo li dou le blanque doncele, (don : donar, donare)

á vos alt Señyor de tant clar linatje:

ella es de mon quor rique maravele,

de vostra notblia molt brilant estrele

y á vostra quorona será un adornatje.

Si donchs la teniu ab molt gran valia

y de ses virtuts n' estau molt prendat,

el meu sperit, Blanque perla mia,

el jorn que ixquires de ma compañya

quedá ab plor y dol del tot ofuscat.

Si arnesos y lansas y escuts y quoronas

aportau señyor dels inclits passats

qui tembran las armas dels Folchs y Cardonas

que en tantas asañyas tan altas personas

molts de sarrayns veren traspasats;

La vostra motler ab roitjios pavesos

y ab virtuts y merits yl vostro blassó

y vostre notblía y fets gentilesos

ab los de lurs avis serán adornesos

ab barras y sanch del rey de Aragó.

Generalizado el gusto a la poesía lemosina necesario era un libro que fijase las reglas para aprender a escribirla con toda perfección. Este libro apareció a mediados del siglo XIV siendo su autor el mallorquín Berenguer Noya.

Romeo Burguera, (Romeu Bruguera) célebre dominico, privado íntimo del rey Felipe el Hermoso, (el francés) a quien ayudó en la expulsión de los templarios, compuso varios tratados ascéticos en poesía lemosina.
Su Biblia rimada é en romans, es una verdadera traducción de la latina llamada aurora que en el siglo XII escribió Pedro de Riga, reducida a contar aisladamente en verso los principales sucesos de la historia sagrada con algunos de los sapienciales, inclusos los macabeos. Bruguera siguió el orden que tienen en la Biblia los libros históricos, sin omitir el de los proverbios, cuya traducción es graciosísima. Concluye con el Apocalipsis. Para muestra de su lenguaje copiaremos los versos con que termina el prólogo.

Asó ay de lati en romans tornat

á honor de la contessa que Deus guard

d'Ampurias marchessa á nom (1)

(1) Creemos que esta marquesa de Ampurias es la hija de Guillermo de Peralta, vizconde de Cabrera, que murió a principios del siglo XIII según el historiador Bosch.

E fo fila dun gran rich hom

que fo vezcomte de Cabrera

é lexá esta hereteyre

de Muntsoriu e del vezcomptat

tot quan havia la laxat

de Cataluñya porta flor

denseñyament é de valor,

de franquea de gai parlar,

dumilitat crey no ha par,

de Deu li plats souen parlar

molt dejunar e molt horar.

La poesía académica o latina no empezó a cultivarse por mallorquines hasta principios del siglo XV. Entonces perdieron su boga los versos bárbaros y leoninos, y el canónigo Esperandeo Español, el caballero Arnaldo Descós, y Antonio Geraldino, escribieron hexámetros muy dignos de la época de León X. De este último copiaremos los que puso sobre el sepulcro de Raimundo Lulio.

sepulcro de Raimundo Lulio. Ramon Lull. POETAS MALLORQUINES

Clauditur hac Lulli Raimundi corpus in arca

egregia quem stirpe tulit Gymnecia tellus.

Mollis amator erat primaevo in flore juvente,

mortali implicitur cura; mox pectora mutans

in coelum tollensque oculos, peritura reliquit

inventa est sordes; lateque est divinitus illi

infusum ingenium, naturae arcana resolvens;

perque omnes errans artes coelique recessus

edidit in toto celebranda volumina mundo.

Ipse quoque inmenso solers errabit in orbe,

ut Christi leges alio sub sole locatos

funderet in populos, paganaque pectora nostrae

verteret ad cultum fidei, Christumque docéret

esse Deum atque hominem genitrice e virgine natum

qua propter quando divis gens hunc barbara saxis

agressa est, cessit Libitis detrusus ab oris,

dumque solum natale petit, Balearica regna,

in patria senior prospectu fessus obivit.

Español escribió a la memoria de su padre, que fue uno de los héroes que más se distinguieron en la defensa de Rhodas (Rodas), contra la invasión del Soldán (sultán) de Egipto que tuvo lugar en 1439, los versos que siguen:

Hic hic Spagnolius tuus o Majorica tutor

Cujus est a proavis durat in urbe domus

Ausus multa quidem fungens tot honoribus urbis

Effulsitque loco mens bona semper opum

concordes animo natos sex forte reliquit

creverat undeno mira nepote quies

Trinacriam atque Rhodon ductae Hariamque triremis

plausibus hic praetor laetitiaque fuit

naumachia duros fausta mox fuderat hostes

id Maetona ducem prospiciens coluit

quumque diu Cyprus premeretur fessa tirano

insiluit classis sub cruce vasta Rodi

cui fervens inerat coram Balearicus ardor

hoc acamas celebris consule mons gemuit

contigit hinc tanden per lustra ophtalmia septem

lumina cesserunt tabuit inde caro

dicamus is nataeque duae Leonoraque conjux

prima jacet simul hic natus ex alia

nunc igitur gaudere juvat compage negata

en à morte pius quisque resurget ovans.

En los versos de Arnaldo Descós se observa una elegancia de lenguaje y una pureza de latinidad que pueden competir con las producciones de los autores clásicos. Descós fue uno de los literatos más conocidos de su época. En sus epístolas hace mención honorífica de su maestro el célebre Pedro Daqui, de su condiscípulo Juan de Malleon, obispo de Salamanca y de su amigo Bernardo Bohil, delegado apostólico en la expedición de Colón a las Indias. Así se expresa Descós en una de sus producciones:

Si divum, ut fama est, servat tutela poetas,

nunc ades, et gressus dirige virgo meos.

Nil prossunt mussae, nil carminis auctor Apollo,

ut possim justos nunc reperire pedes.

Oh utinam versu tantas exponere laudes

ut tam faustum nunc celebrare diem!

Ergo subvenias inopi tua sacra canenti,

conceptum ut referam, qui sine labe fuit.

También cultivó Descós la poesía vulgar o lemosina, y en una, dedicada a la Purísima Concepción, son notables los versos que siguen:

Perque es mastér que vos Verge sagrada

ab vostro fill siau la nostra guia,

clarificau la pensa entenebrada,

y subveniu me llengua poc limada,

que us puga dír ab nova melodia

noves loors de vostre gran altesa

qui de tot crim é pecat fou illesa.

(Se concluirá en el próximo número.)

(Continuación.)
 
Raimundo Lulio, como dice Quadrado, era en aquel tiempo la fuente que inspiraba a los poetas y en que bebían nuestros sabios: en su honor y en su nombre se exigían cátedras, en su honor se celebraban certámenes como el famoso de 1502, y la prensa mallorquina apenas ha sudado sino comentarios a sus obras. ¡Bien merecía esto y mucho más el hombre extraordinario que por dos siglos tuvo por discípulo al mundo entero! En el citado certamen de 1502 se distinguieron los poetas Antonio Massot, Gaspar de Verí (Veri), Jorge Albér y Juan Odón Menorca. De todos ellos hay excelentes composiciones: todos se lucieron a la par, y Gaspar de Veri, a quien se adjudicó el premio, recitó una larga poesía en la que es notable esta estrofa:
 
Ram, on se cull, de flors molta natura
l'ull qui preveu, en evitar lo mal
segura mar, qui en lo temporal
lo navegant, eximeix de presura
rosa suau, als doctes qui refrega
pom redolent, de un saber infús
capsa d'unguents, on no ha res confús
aigua de font, qui los provectes rega.
 
El esclarecido literato Nicolás de Pax uno de los primeros catedráticos de la universidad de Alcalá, muy favorecido de su fundador el célebre cardenal Jiménez de Cisneros, habla del monte de Rauda, monumento que la naturaleza quiso prevenir para mostrar al orgullo mallorquín el teatro de las visiones misteriosas del gran Raimundo Lulio, en los términos siguientes:
 
Rauda tenens regni centrum Balearis, ab alto
aequor et ingentes undique monstrat agros.
Panditur ad Phoebi radios, umbracula passim
prospectus varios concava saxa parant.
Elevat ingenium, curas expectorat omnes
totaque vivaci pectora membra novat.
Hic bibit infusum Raymundus dogma supernè;
hic quoque mirandum condidit artis opus.
Angelus hic illi visus, pastoris amictu,
praebuit et meritis oscula multa libris.
Dixit eos varia passuros multa sub hoste;
sed foire pro sancta fortia tela fide.
Tunc erecta sacrum collustrans cella cacumen,
plena venustatis Gratia nomen habet.
hinc manare potest doctrinae splendor in orbem,
hinc sibi perniciem secta maligna timens.
 
Por este tiempo el virtuoso sacerdote Francisco Prats ya había publicado en prosa y verso su devotísima contemplació y su poema del Sacrament de bona gracia. Empieza este último con la estrofa que sigue:
 
Caritat me forsa, y ley me incita
loar lo misteri de laucaristía
lo poc exercici los señys me desvía
en loc baix me posa y el desitg limita
la ploma es presta y no gos escriure
perque la invidia rependre amenasa
las nafres ya em dolen y treball me brasa
sol Crist Deu y home men pot fer desliure.
 
 
Jaime de Oleza y Zanglada hijo de una familia ilustre en la que se radicó el cultivo de los conocimientos humanos, escribió en excelentes dísticos latinos un libro de lege cristiana et de cuadruplici peste mundi, en el que apoya su doctrina con bellas razones y sólidas sentencias. En esta obra reprende los vicios, detesta la escuela de los nominales, demuestra la vanidad de las predicciones astrológicas, y confunde la filosofía de Averroes y de todos los antiguos. Este mismo Oleza escribió en rima otras varias obras y un cancionero teologal y espiritual. Como muestra de su numen poético copiaremos el epigrama que dirigió al doctor Caldentey con motivo de haber publicado un tratado del maestro Gerson;
 
Perstrinxit legis praxim: moresque Joannes
cui de Gersono nomen habere datur.
Si ergo tuum lector pectus coelestia tangunt:
hunc eme: plus solus que ubi mille dabit.
Iste docet mores sacros: animunque perornat:
vitaque sit nobis qua peragenda via.
Quid sit honestum: quid justum: quid denique sanctum:
quidve pium monstrat: quae fugienda mala:
detegit hic coelum: et callem flagrantis averni:
neu phleget honteis afficere malis.
Ad summam hic vigili ducit rectore carinam:
quae mundi immergi naufraga possit aquis.
Huic igitur grates tanto pro munere lector
redde: sed est nobis gratia habenda magis.
Ille opus exegit: fateor: sed copia habendi:
nostra est per terras multiplicata manu.
 
Del citado Jayme de Oleza fue hijo Francisco, quien con motivo del dolor que le causó la muerte de su esposa doña Beatriz de Sant Martí, escribió el excelente poema titulado menosprecio del mundo, anticipando en él la versificación majestuosa y pura de León y Garcilaso. Con dificultad se
encontrará elegía más tierna y suave. Empieza así:
 
Ab manta de plors el cel se cobria.
Y tota la terra mostrava gran dol,
mirand d'aquest mon del tot se partia
la qui de virtuts granment resplandia
tristor señyalava la lluna y el sol.
Oh triste jornada! oh cruel partida!
oh perdua digna de plor y lament
morir la qui era de tants bens complida
y de tantas gracias estaba ennoblida
que loar ni plañyer nos pot dignament.
 
Describiendo el día del juicio final, pone en boca del Juez eterno las palabras siguientes, dignas del poeta Dante. Dirigiéndose Dios a los buenos les dice:
 
Veniu beneits del meu Etern Pare
puis treballs y penas en lo mon sentis
posseiu lo regna preniulo desdara
car puis meu servit es just queus ampare
yus done per premi letern paradis.
Donat meu á beura cuant yo sedetjaba
haveume vestit essent despullát
haveume pascút cuant yo fametjava
haveume acollit cuant peregrinava
y essent en la carcer heume consolát.
 
Con los versos que siguen habla Dios a los malos, pintándoles el horror de las penas del infierno.
 
Per darvos lo sou vos crida y espera
de plors y suspirs ab grans atambors;
los crits serán pifres, les flamas bandera,
fereu escuadrons de nova manera
ab molts arcabusos de cruels dolors.
 
Dins lo foch ardent feréu ordenanza
ab gran desconcert tot temps caminant,
tindreu dura guerra ab tota ultransa,
de pan (pau) no tenint ya mes esperanza
los uns contra els altres granment batallant.
 
Ni es cansaran mai los potents ministres,
ni porán morir los qui penarán;
rebrán de continu encontres sinistres;
seran los jamechs clarins e ministres
qui en tal exercit tot temps sonaran.
 
Miraume las nafres vui com resplandexen,
las cuals mai volgues vivint contemplar!
Mirau los assots cuant bells aparexen!
Mirau vui la creu que els bons tots conexen!
No volteu la cara que be es de mirar.
 
Ni Rioja cantó con más sublimidad y energía lo vano y fugitivo de las grandezas del mundo.
 
Tengan de continu en nostra memoria
los treballs y penas de nostres pasats.
Mirem los sepulcres dels rich (richs) y sa gloria,
y las grans banderas señyals de victoria,
apres de tants plers hon son arribats.
Mirém del gran Cesar los fets valerosos
quil mon ab batallas ha tot subyugat,
mirem de Annibal los actes famosos
y dels Scipions los fets gloriosos
escer ya no res vuy tot lo pasat.
 
Ahon son las honras que han alcanzadas,
y los tants triunfos de gloria gran?
hon las pedras finas en or engastadas
y las ricas robas de perlas brodadas?
mirau vui que son, mirau hon están!
 
Hon son las viandas granment esquisidas
en los convits bells tots plens de delit? (delit : deleite)
Ahont las gran casas honradas, fornidas,
y d'or y d' atzur pintadas guarnidas?
Mirau com es tot vui ya preterít! (pretérito : pasado)
 
Al mismo Francisco de Oleza debió el mundo literario una preciosa arte poética escrita en lemosín con el título de Nova art de trovar. Tratando en el prólogo del abandono en que se hallaba la poesía dice:
 
L'art estava sepultada
en sepulcra lemosí,
mes ara desenterrada
y molt ben afeyzonada
para tot bon us y fí,
la us dona un malorquí.
 
Entre los varios ejemplos de poesías de todas clases, es notable esta preciosa quintilla:
 
Las testas y las costellas
que tu veus en lo fossar
spinadas y cañyellas
personas foren molt bellas,
y tu comells has tornar. (com ells : como ellos, como ellas)
 
Un hijo del citado Francisco, llamado Jaime de Oleza y San Martí, escribió un hermoso poema en que Jesucristo abre una justa, y como mantenedor de ella sale triunfante de los vicios y de la muerte.
Cuando en 1541 vino a esta isla el rey don Carlos I, los mallorquines Juan Genovard (Ginovart), Pedro Autich (Antich), Gaspar Vidal, Tomás Marcer y Jayme Romañyá hicieron lucir su numen poético. Lamentándose el primero de la decadencia de Mallorca dirigió al monarca los preciosos dísticos que siguen:
 
Dum fortuna dabat, titulis quod pingerer auri,
invidisse mihi plurima regna putes.
Non eram ab infroenis numidis direpta, sed illi
nomine pallebant candidiore meo.
Tunc mea tercentum complebant littora puppes,
mercibus et variis, Carole, dives eram;
nunc jaceo infelix: vix sum miserabilis ulli,
vixque meo possum tutior esse sinu.
Quare moesta, precor, prisco me redde nitori,
ponendo numidis dura lupata feris;
respice sollicitam, Caesar (pone Coesar), mitissime princeps;
principis est, miseros erupuisse malis.
 
Romañyá, a más de las diferentes poesías que escribió en dicha ocasión, fue autor de una comedia latina sobre el rico epulón, titulada Gastrimargus, miserable imitación de las de Plauto y Terencio. Esta comedia, ya que no por su mérito, es interesante para la historia del arte dramático, porque puede decirse que se le ve en ella en su primer desarrollo y como en su infancia. Por su asunto, tomado de la historia sagrada, pertenece a los misterios, a los que en los siglos medios debió su origen el teatro moderno, al paso que en sus formas y en su lenguaje, aunque rudo muchas veces y sin combinación métrica de ningún género, se observan reminiscencias de los autores clásicos latinos que con tanto ardor eran estudiados e imitados en el siglo XVI.
En este mismo siglo floreció el erudito sacerdote Dionisio Pon (Pont), que solía firmar sus poesías con el anagrama de Disiponsi. En su curioso poema de la batalla de Lepanto, habla de las proezas del capitán don Juan Despuig y Mir, y dice:
 
Que ilustre gent castellana
aportaba don Joan,
gent tudesca, italiana,
que hauran fet de tallár carn.
 
De Mallorca, isla dorada,
es allí Puig capitá,
que dels moros de Granada
porta la gent carnisada,
que per ell pochs turchs y há.
 
Per totas parts esta nova
fará de asó gran sentit:
tant lo rich, com home y dona,
tot estament de persona
prega per ell dia y nit.
 
Entusiasta Dionisio Pont por las glorias de su patria, las cantó con la exageración que se lee en el siguiente epigrama que publicó como propio el cronista D. Juan Dameto, a quien tanto imita en los plagios, aunque con menos circunspección, otro cronista de nuestros días:
 
Divitias natura parens balearibus omnes
contulit, et divum munera quisque sua.
Insula dives opum, Neptuni pulcher ocellus,
Mars hic imperium possidet, atque Venus.
Palladis hic domus est, Cererisque et grata Lydi
gaudia, cum garis aurea Flora tuis.
Ambit aquis Nereus pro muro spumens omnem
aequoreis largè, divitiisque beat.
Dotibus his prestat cunctas Majorica tellus;
hic mihi certa quies vivere, et opto mori.
 
Contemporáneos a los poetas de que acabamos de hacer mención fueron el P. Antonio Pon, arzobispo de Oristañy, y el doctor Benito Español, sacerdote de gran virtud y doctrina, a quien Francisco de Oleza dedicó su menosprecio
del mundo. Contestó a la dedicatoria con estos hermosos versos:
 
Mostrau lobra vostra puis es be rimada
y donaune copia á qui la volrá
que vostra señyora qui visque honrada
y ab molt bona fama está sepultada
al cel ab los angels sen alegrará.
 
Y las vostras coplas serán unas mostras
de homens y donas segons he legit
y ab tals sentecias per las vidas nostras
qui volrá entendre los documens vostras
tendrá en memoria lo mon aborrit.
 
Yo per la part mia per fervos servicis
en totas mes horas ne faré records
que puis en sa vida fou tants beneficis
per lanima sua faré sacrificis
legint cada dia lofici de morts.
 
Almoines, responsos, faré per aquella
moltas oracions per ella diré
y ab cremants civis (ciris) en vostra capella
ofertas y misas cantaré per ella
y sobre el sepulcre sovint absolré.
 
Dos poetas mallorquines encontramos también en el siglo XVI que hacen versos en castellano, pero estos versos, desnudos de toda energía, pueden reputarse por una prosa cortada por sílabas determinadas. El doctor en artes y medicina Damián Carbó, haciendo alarde de sus blasones y de sus gloriosos ascendientes, escribió al pie de su escudo de armas:
 
La banda y saetas que veis y señales
son armas sin duda que los mis pasados
carbones dejaron con autos nombrados
de fama y de gloria todas inmortales.
 
Y fueron fundadas por autos de reyes
que aquellas en pago de tantos servicios
a ellos han dado grandes beneficios
no siendo ingratos con muy justas leyes.
 
De Roma Senados leemos que fueron
y por el mal Sila no sin guerra fuerte
cuarenta mil dellos todos duna muerte
con Mario Carbó juntos recibieron.
Hernando de la Cárcel cantó el desgraciado suceso del destrozo de una nave llamada San Roque, salvada por el capitán Juan de Luca, cuyo canto empieza así:
 
Suele la necesidad
ser tan diestra en cualquier hora
que tenga oportunidad,
que de cualquier novedad
es muy perfecta inventora:
y no sólo inventa y traza
lo que es muy dificultoso,
que aun en lo peligroso
se pone sin mano escasa
con corazón animoso.
 
Concluye del modo siguiente:
 
Saltó en tierra Luca luego
y contando el caso, agro,
muchos sespantan del ruego
mas los que tienen sosiego
van diciendo que es milagro.
Y pues que vino a alcanzar
Juan de Luca tal victoria
contra infieles, viento y mar,
roguemos al que es sin par
que nos de al cabo la gloria.
 
Los poetas mallorquines que más se distinguieron en el siglo XVII fueron: Mateo Descallar y Damato, hijo de una familia ilustre, de quien es un excelente canto a la virgen María: Nicolás Oliver y Fullana, capitán del ejército de Felipe IV, a quien sirvió en las guerras de Cataluña, y después fue
cosmógrafo y cronista de Carlos II. Describió las islas Baleares con las octavas siguientes:
 
El balear dominio se compone
de varias islas, fuerte y abundante
sobre las ondas, y marcial se opone
con gran castillo al émulo arrogante.
La de Mallorca, regia se propone
del mar mediterráneo sol brillante;
siendo Menorca, Ibiza y Formentera,
sus más lucientes rayos y Cabrera.
 
Yace en el quinto clima, inexpugnable (pone inespugnable)
del báleo solio el mallorquín estado,
por sus bélicos hijos formidable,
y sus crujientes hondas celebrado:
de Aragón margarita inestimable,
en la navegación aventajado,
vestido de frondosas maravillas
con dos ciudades y opulentas villas.
 
La real Palma en la mano aragonesa,
de Mallorca metrópoli valiente,
dio laurel digno a la cartaginesa
y al gran Meleto nombre permanente.
Mahometanas coronas interesa
de insignes reyes tronco floreciente,
puerto de fama, población de lustre
con mitra episcopal y gente ilustre.
 
Entre dos promontorios se levanta
ciudad Alcudia, desde que aplaudida
al mayor Carlos su obediencia canta:
por el coral que pesca conocida.
Lluchmayor de sus villas se decanta
famosa por la lid que en su florida
campaña dio del rey Jaime tercero
la vida y cetro al enemigo acero.
 
Campos, por sus salinas es famosa;
bellísima y fructífera Porreras;
Bollenza por sus mirtos prodigiosa;
Artá milagros toda y primaveras;
Sineu de los romanos plaza hermosa;
Felanix, Petra y Manacor guerreras;
Alaró con castillo inexpugnable,
riquísima Inca y Soller admirable.
 
La fértil isla de Menorca tiene
una ciudad llamada Ciudadela
en la agradable costa que contiene
muralla que defiende y juez que cela.
Del gran Magon fundada se previene,
donde el audaz contrario no recela,
Mahón, que entre otros pueblos se encastilla;
sublime puerto y generosa villa.
 
Sigue Ibiza de pinos coronada,
dando nombre a su isla inaccesible;
por el fuerte castillo tan nombrada,
como por sus vecinos invencible.
Hoy se ve Formentera despoblada;
Cabrera se propone apetecible;
cobrando fama entre otras Cunillera
del ínclito Annibál patria guerrera.
 
A mediados de este mismo siglo, floreció Rafael Bover (pone Bovér), a quien Quadrado llama el Garcilaso mallorquín. La siguiente muestra de su numen lírico hará conocer a nuestros lectores la exactitud de tal comparación.
 
Aldea qui ets tan trista
y sens remei algun per me tristeza,
si no cegar ma vista,
puis no tinc altra cosa que aspereza,
en un camp sens verdura
rahó es que yo muyra ab tal postura.
 
Posát en esta aldea
un pobre y trist pastor se lamentaba
ausent per sa idea
de lo que en aquest mon mes adoraba:
ja finirá sa vida
per no haberí en el camp cosa florida.
 
Cert es, señora mia,
que ya en el mes present los camps estaban
tots verts ab gran porfia,
y de ells a son temps fruits aguardaban;
mes ab seguedad tanta
no hayá fruit que esperar ya de tal planta.
 
Si lo temps fes mudanza
convertintse me pena áb alegría,
se creu mia esperanza
de que lo sech de vert se vestiria,
y la favera ab flor,
Cullint de totas parts lo fruit millor.
 
No te esquives, pastora,
de lo que yo te escric ab esta lira,
que mon cor te adora:
abrassét en amor y no en ira,
Perdona ma osadia
que per servirte a tu yo moriria.
 
En el romance que sigue, agotó Bover la suavidad de sus tonos, e hizo triunfar el tiernísimo dialecto mallorquín.
 
No te espantes que yo cant,
perque men pren com es cisna,
qui cuant ya no te esperanzas
contant acaba sus dias.
Com veix que ma desventura
de poder parlarte hem priva,
de est molt que ma vida acapia,
puis de aliment me servia.
Mos ulls llamentan y ploran,
mon cor se romp com a vidra,
mas entrañas se arrebasan,
ma esperanza se mostia etc.
 
Pertenecen también al siglo XVII Jaime Pujol abogado, autor de un poema en elogio del serenísimo infante D. Juan, y el doctor Antonio Gual, presbítero y canónigo de esta santa iglesia, digno imitador de Góngora. Entre otras poesías de este último tenemos el poema épico que escribió en 1646 con motivo de la pacificación de los partidos que dividían la nobleza mallorquina. Sus versos son excelentes, y como muestra de ellos copiaremos las octavas que siguen:
….....
El puesto de dos vallas guarnecido,
y en ellas dos informes arrimados
bultos, que de lo humano se han vestido
al yerro de las lanzas destinados:
un duro azote de la diestra asido,
y de sendos broqueles amparados;
vestida ricamente de oro y grana
el aurora salió aquella mañana.
…....
Despertaron al sol confusas voces,
festivo aplauso, alegres alaridos
del vulgo y de la plebe que veloces
se anticipan al puesto mal sufridos,
No Ceres tal, a las villanas hoces
los campos da de espigas guarnecidos,
como se vieron por distancias tantas
cubrir la arena las humanas plantas.
…........
Juan Odón de Togores se descubre
sobre un delfín terrestre que de estrellas
la escama siembra de oro, que le cubre,
de blancos grifos con labores bellas:
su faz, que nube del plumaje encubre,
por el campo marcial siembra centellas:
y habiéndose ostentado reverente
de su mantenedor se puso enfrente.
 
Cuatro veces al son de los metales
los polos de cristal se estremecieron;
y del averno oscuro en los umbrales,
de las herradas plantas se sintieron
otras tantas los golpes desiguales
con que el globo los brutos sacudieron,
dejando con airoso movimiento
de astillas cada cual poblado el viento.
 
En el siglo XVIII florecieron don José de Pueyo y Pueyo, marqués de Campo Franco, que hizo ostentación de su excelente numen en la multitud de poesías que compuso en latín, castellano y francés: don Miguel Bover y Ramonell, autor de la comedia titulada la conquista de Mallorca, de la que habla Moratín en sus Orígenes del teatro español: el padre Ramón Nicolau, monje cartujo, que escribió en verso latino hexámetro la vida de Jesús, María y José: el doctor don Antonio González que tan al vivo expresó su melancolía y tristeza en su Teatro de la muerte, y don Luis Foco, traductor de la Merope de Maffey y de la comedia El enfermo imaginario de Moliere y autor de un poema épico de la conquista de Orán.
Difusos seríamos si hubiésemos de hacer mención de los poetas mallorquines del siglo XIX, y más difusos si hubiésemos de detenernos en el examen de sus producciones. Sin embargo, no debemos pasar en silencio los nombres de don Antonio Llodrá, don Juan Nicolau, don Juan Muntaner y García, canónigo de esta santa iglesia y arzobispo electo de Caracas, don Leonardo Planes, don Nicolás Armengol, don Nicolás Campaner, oidor de esta real audiencia, don Pedro Andreu y don Vicente Far. Todos ellos han dejado conceptuosos versos y de todos ellos hemos hablado detenidamente en nuestro diccionario de escritores mallorquines.
 
De los que actualmente viven omitimos hacer mención, atendida la diversidad de su mérito, temerosos de herir la modestia de los unos, hablando de ellos con el elogio que merecen, y la susceptibilidad de los otros, pasándolos en silencio.
 
Palma 19 de octubre de 1850.
 
 

martes, 26 de octubre de 2021

XIII. LA TARDE DEL CORPUS EN 182...

XIII. 

LA TARDE DEL CORPUS EN 182... 

EMILIO B... A RICARDO M... 

Fuerte conjuro es el de que te vales para arrancarme un secreto que he podido guardar más de tres años sin merma ni perjuicio de nuestra antigua amistad. 

A tratarse únicamente de mis flaquezas puede que me hubiera conducido con menos reserva; pero constituirme en narrador de mis buenas acciones tiene ciertos visos de inmodestia, y creo que llegaría a ruborizarme si no estuviese de por medio el mar, y no fueses tú el único que va a recibir mis confidencias. Has querido que rompiese el silencio, deja pues correr mi pluma a su sabor, que hoy me siento con vena de escribir, y me disgustaría que pecases de impaciente cuando estoy predispuesto a pecar de prolijo y minucioso. Los grandes pintores saben concentrar todo el interés de sus composiciones en la viva expresión de las figuras principales, yo pobre embadurnador de lienzo crudo suelo ingeniarme con accesorios de capricho, y procuro encubrir la falta de inspiración con la exactitud de los pormenores y la verdad del colorido. 

Lo que voy a contarte podría titularse “historia de dos minutos de mi vida" y en tan corto espacio bien ves que no caben grandes sucesos ni complicadas vicisitudes. El drama, si drama te empeñas en llamarlo, es de una sencillez extremada, y así no extrañes que lo encabece con un prólogo de mayores dimensiones que el cuerpo de la obra. He visto libros de este jaez, y en conciencia no puedo reclamar el privilegio de invención. 

Dos veces has estado en Palma, y en ninguna has visto la procesión del Corpus. Pronto hará cuatro años que estaba sumamente hermosa la tarde de aquel día. Supongamos que le hubiese dado por llover de una manera insólita y desapoderada, cuántas horas de agitación y desasosiego! qué de ilusiones y esperanzas me hubiera ahorrado el cielo! Pero tampoco habría experimentado la noble satisfacción que proporciona un sacrificio oculto, ni la paz interior que tarde o temprano sigue a la victoria que uno alcanza de sí mismo. 

Todo lo que hice aquella tarde lo recuerdo perfectamente. Tantas veces he traído a la memoria sus impresiones que han llegado a conservarse como los rasgos del buril en una lámina de cobre: así es que me atrevo a contarte uno por uno los vagos pensamientos que me ocupaban, precediendo a las vivas emociones que en mi corazón se sucedieron. Tan libre y exento de amorosos cuidados salí de casa, que hubiera vuelto sin la competente provisión de avellanas con que obsequiar a alguna joven de mis conocidas. A ninguna distinguía lo bastante para hacerla objeto de esta vulgar e inocente galantería; y si tal costumbre puede pasar como rasgo característico de ciertas festividades en nuestro país, el fallar a ella pudiera tomarse también como rasgo característico de mi soberana indiferencia. 

Entré por la calle de Santo Domingo y empecé a recorrerla en sentido inverso del que debía seguir la procesión. A espaldas de su iglesia levantan los padres dominicos un altar con magníficos relicarios y soberbios candeleros de plata, y tengo muy presente que cerca de allí se me ocurrieron estas ideas: Van a cumplirse seis siglos que se extendían por aquí los muros y torreones de un alcázar moruno, que se ocultaban en su recinto los patios y jardines de un harem voluptuoso, y ni vestigios han quedado de esas fábricas que esperaban desafiar la saña del tiempo, y la mano del hombre las ha derruido. Si de aquí a trescientos años me fuese dado salir de mi tumba y volver a este sitio, cómo también lo encontraría todo cambiado! Grupos de pequeñas casas se habrán transformado en un solo palacio, y mansiones señoriales desmenuzado en pequeños pisos: cuántos balcones tapiados y cuántos nuevamente abiertos! 

los edificios habrán cambiado de fachada y los arquitectos de gusto, si es que entonces tengan alguno. Difícilmente podría reconocer el punto que ahora ocupan mis plantas a no ser por este magnífico templo que subsistirá incólume y robusto, semejante a esos fenómenos de longevidad, patriarcas olvidados por la muerte que continúan su existencia en medio de una generación de bisnietos y resobrinos. 

Detúveme en la plaza de Cort a examinar por centésima vez los retratos, que en las grandes solemnidades cívicas o religiosas decoran el frontispicio de las casas consistoriales. Prefiero a todos el de D. Gregorio Gual, obra del primero de nuestros pintores. Aparte el de S. Sebastián de Van-dick, preciosa joya es aquella de Mesquida. Si a mi ambición se le propusiera por blanco la gloria del retratante o la del retratado, de fijo daba en la extravagancia de escoger la primera; mas por mi desgracia me veo tan lejos de ella como de la segunda. Cuán triste es, amigo mío, sentir un inmenso deseo de volar y reconocer al mismo tiempo que se ha nacido sin alas! Eso no obsta para que me dijese: 

No sería justo que al lado de este militar esclarecido figurase también el que supo dar tanta expresión y vida a su fisonomía? No debieran tener cabida en este sitio todas las glorias de nuestro país? Acaso lo ilustran únicamente aquellos de sus hijos que ascienden a Generales u Obispos? Cornelia hija y esposa de Cónsules se envanecía de los suyos que no debían llegar a más que Tribunos. Según andan los tiempos de temer es que ya no aumenten mucho, (y gracias a Dios si no se eliminan), los retratos de los que esparcieron el balsámico aroma de las virtudes cristianas, ¿no sería pues lo más equitativo que, siquiera por vía de sustitución, la ciencia y el genio, que son la segunda de las excelencias humanas, heredasen el privilegio de la santidad que es la primera? 

Algo de intempestivo, si se quiere, tenían estas reflexiones, y no era cosa de estarme parado en contemplación artística en medio del movimiento general que de una a otra parte me impelía. Mi afición a los pinceles no añade ni un día más a mis veinte y ocho abriles, y si me gusta examinar los primores de un bello retrato no me disgusta admirar los atractivos de un original hermoso. Hasta entonces había existido un largo, muy largo camino de mis ojos a mi corazón. Por lo mismo si no interesante para este, agradable para aquellos era el espectáculo que se me ofrecía. El largo y corrido balcón de las casas consistoriales atestado de señoras luciendo sus galas y sus joyas, y sirviéndoles de dosel, que pudiera envidiar una reina, el magnífico voladizo: la plaza irregular de Cort, poco grata a los arquitectos pero ofreciendo a los pintores variadas perspectivas, con sus numerosas ventanas y balcones colgados de rojo damasco, y coronados de airosos bustos como los palcos de un teatro: aquel mar de cabezas en continua ondulación, sobre el cual descuellan las puntas de las bayonetas, como plateadas escamas de fantástica serpiente, al reflejar los últimos destellos del día. 

A manera del que remonta el curso de un río fui siguiendo mi camino, abriéndome paso por entre la doble fila de soldados, y la doble hilera de sillas en que sentadas las jóvenes disfrutan el doble placer de mirar y ser miradas. Hecho un inspector de bellezas, destino que carece de sueldo y al que nunca faltan aspirantes, pasaba revista a las ricas señoritas con sus brazaletes de perlas, a las graciosas menestralas con sus trajes de muselina, y a no escaso número de lindas payesitas con su nevado rebociño, su jubón de raso y enaguas de seda, sus botonaduras de oro y patenas de filigrana; pero a todo esto mi corazón no añadía una más a sus acostumbradas pulsaciones. Con esta flema de filósofo en ciernes parábame a ver las capillitas adornadas de luces, flores y colgaduras por la devoción y piedad de los vecinos, o ya los empujones y el afán de situarse no lejos de las banderas, que pronto debían desplegarse y servir de alfombra al Rey de los reyes. 

De esta suerte, llevado unas veces por el impulso ajeno y forcejeando otras para seguir adelante, llegué hasta salir de la calle que da vista a la puerta de Almoyna. Allí me detuvo el movimiento ocasionado por la escolta de caballería que precede a los atambores del Ayuntamiento. Aire de gravedad y colorido local dan a nuestras procesiones su antigua tocata y particular vestimenta: es cosa tan mallorquina que sentiría mucho verla suprimida. Al ver desfilar uno por uno los gigantescos pendones de los gremios, interpolados por seis u ocho maestros de cada profesión, parecíame que los santos de sus cúspides iban a volar hacía el cielo, o las doradas águilas a batir sus alas por el espacio, y entretanto me proponía el curioso problema de si produciría un efecto más pintoresco el que fuesen de colores diferentes, en lugar de aquella serie de colosos encarnados sólo interrumpida por el pendón verde que distingue a los hortelanos. 

Precediéndoles una sencilla cruz de madera en medio de los ciriales llevados por dos angelitos y guarnecidas de blancos y rojos claveles, vienen los capuchinos con su hermoso tabernáculo de la divina Pastora. Inspíranme estos hombres que parecen restos vivientes de los primeros siglos del cristianismo, trasplantados de la Tebaida a nuestras sociedades corroídas por malas ideas y no mejores sentimientos, un no sé qué de simpático y respetuoso que no es fruto exclusivo de mi educación cristiana. Para dejar de sentirlo paréceme que no basta ser descreído, es menester un corazón depravado. 

Siguiendo el orden de su antigüedad, vela en mano y ojos en el suelo, iban pasando las demás comunidades religiosas, sobresaliendo por su crecido número los observantes, y por la riqueza y primorosas labores de su Cruz los dominicos. No forman estos ya pareja con los franciscanos como antiguamente sucedía: tampoco en esta procesión van juntas las dos órdenes redentoras, ni los carmelitas con los agustinos como en las otras de nuestra Catedral sucede actualmente. Cada comunidad separada lleva al frente su cruz, y acompaña a su tabernáculo seguido de un preste con pluvial y con dalmáticas sus ministros. 

Taches o no de pueriles mis gustos confiésote ingenuamente que participo del que da a los niños la vista de lo que llamamos lledánias, y el metálico rumor de sus doradas banderillas. Grandes armazones circulares graciosamente caladas ostentan sus perfiles todos cuajados de flores de cera, cuya diversidad de colores imita el efecto de una movible claraboya herida por los rayos del sol naciente. Así como a las imágenes de los santos gústame verlas descollar sobre las cabezas de los espectadores, sirviendo de guión al clero de cada parroquia. Sobria de colores en su arabesca cenefa se presenta la de San Nicolás, y ninguna vence en hermosura a la de gótico estilo que precede al numeroso clero de  la santa Iglesia. En medio de sus filas van doce sacerdotes revestidos de ricas y uniformes casullas quienes representando a los doce apóstoles, llevan en la mano el instrumento de su respectivo martirio. 

Momento solemne, grandioso, indescriptible es aquel en que, como el arca santa en hombros de los levitas, aparece la magnífica e imponente custodia, en hombros de cuatro canónigos bajo del rico palio que sostiene el Ayuntamiento. 

Envuelta en el humo del incienso, rodeada de ministros del santuario que visten preciosos ornamentos, escoltada por colosales gastadores con sus negras barbas destacando sobre el blanco delantal, sus gorras de pelo echadas a la espalda, sus palas y azadones relucientes como plata, avanza lentamente al majestuoso compás de la marcha real en que prorrumpe la música militar apagando las modulaciones del órgano y sobreponiéndose a los cantos de la iglesia. Y luego el redoble de los tambores, el vibrante sonido de cornetas y clarines, la gigantesca voz de n‘ Aloy a cuyos acompasados golpes responde una salva de artillería. En medio de esta sublime discordancia, superior al más vigoroso efecto que puedan producir las reglas de la armonía, ¿quién no siente una impresión desusada, y latir su pecho con las emociones del más profundo respeto? Sería necesario ser incrédulo rematado para no rendir su orgullo como rinden los soldados sus armas, para no doblar espontáneamente la rodilla como la doblan todos los fieles a quienes absorbe entonces un solo pensamiento. 

Y bien, vas a decirme, a qué conduce esta relación que será todo lo verídica que tú quieras; pero que para el caso no tiene visos de oportuna? Respondo, es un boceto de costumbres, y conociéndote aficionado a este género preparo así tu ánimo a la indulgencia, puesto que no sabré trazar el siguiente cuadro con toda la valentía que yo quisiera. Es además valerme de un rodeo, bien que un poco largo, para que te formes un cabal concepto del tranquilo posesorio en que estaba de mi libre albedrío, de la perfecta calma que disfrutaba al hallarme tan en vísperas de perderla. 

Habíase internado la procesión por la angosta calle cuando un repentino y tumultuoso desorden agitó el apiñado concurso que acababa de verla. Algunos confusos gritos esparcieron el miedo y la zozobra. Ocasionaba este movimiento el de la sección de caballería cerca de allí situada, y las corvetas de un caballo que se resistía al freno y a la voluntad de su jinete. Temerosos de un atropello los más cercanos se hicieron a la espalda, echando unos a correr y aglomerándose otros en el sitio que yo ocupaba. La furia de esta oleada no era para resistida. Todos quedamos desalojados, y merced a este súbito trastorno vino a ser casi arrojada a mis brazos una señorita tan linda... tan linda...! 

Por poco que tenga yo de artista tengo muchísimo más que de literato, ¿cómo pues podría bosquejarte su hermosura con palabras cuando me siento incapaz de hacerlo con mis pinceles? Era aquello la miniatura de un serafín trabajada por mano de un ángel. Tontería! Era una obra de Dios, artífice infinitamente más hábil y entendido. Y esa extremada beldad se había escapado a mi revista! Y lo más extraño es, que vislumbrando en ella cierto aire mallorquín, nunca, nunca hubiesen tropezado mis ojos con semejante fisonomía. 

La impresión que produjo en mi pecho, si no la comprendes por sus efectos, no sé de qué modo te la describa. Te he dicho que tenía antes el corazón tan apartado de los ojos, ahora te digo que en aquel momento lo tenía encerrado en mis pupilas. Y estas por un magnetismo tan grato como irresistible permanecían fijas en aquel lindo rostro, admirando la transparencia de su tez sonrosada, la suavidad y delicadeza de sus contornos, la candorosa expresión de la virginal belleza que me trastornaba y enloquecía. 

Tan pronto como la hube sostenido, y hecho de mi cuerpo una especie de parapeto con que defenderla, se repuso y me dijo en castellano muy bien acentuado y con una voz soberanamente deliciosa, "gracias, caballero." 

Levantó en seguida sus ojos hacia los míos, y los más vivos colores relampaguearon en sus pudorosas mejillas. Parecióme entonces que había comprendido todo el valor de mi ardiente mirada, y que mi alma se trasladaba a la suya como la suya se había trasfundido en la mía. Deslumbrado, conmovido, perturbado no sabía qué decir y le pregunté: Se ha asustado V. mucho?

- Un poquito. La gente nos empujaba, y como no sabía lo que era... 

- Algún caballo poco acostumbrado a esta clase de funciones.

- Ay qué miedo me dan los caballos! Pero allí veo a mi mamá...

- Me permitirá V. que se la entregue sana y salva? iba a decir. Medio minuto más y ¿quién sabe lo que de su contestación hubiera dependido? Pero un violento empellón me obligó a ladearme un poco, y al mismo tiempo se interpuso entre nosotros un compacto grupo impelido por una segunda oleada debida al maldito caballo. Perdí de vista a mi refulgente estrella, y no me fue ya posible descubrirla de nuevo. Si hubiese llevado un traje chillón y extravagante! Si hubiese descollado entre las demás por su elevada estatura! Pero, nada! se confundió en la espesura como una espiga en su gavilla, siguió su camino, y yo sin duda empezaría por tomar el opuesto. No hay que decirme si recorrí el curso de la procesión, si entré en la Catedral, si me fui al paseo. Todo en valde. 

Lo que anduve aquella tarde! Me retiré a las altas horas de la noche molido y asendereado, y con la imaginación más fatigada que mi cuerpo. Habíaseme puesto en ella que mi casual aventura era precisamente la piedra angular de mi felicidad venidera, y mi corazón ardía como una rama de pino seco. Pasaron días y semanas y meses, y yo acudiendo a todas partes, así al teatro como a las iglesias, introduciéndome en las tertulias, solicitando amistades, y esperándolo todo de la casualidad o de la Providencia. Triste era no tener el más leve indicio para rastrear el objeto de mi insensato anhelo, pero seguía tenaz en la confianza de que el día de mañana me otorgaría la dicha que todos sus anteriores me habían rehusado. 

Tantas contrariedades, tantas tentativas frustradas, tantas esperanzas fallidas enardecían mi pasión en vez de amortiguarla. Luchaba yo, pero vencido no desfallecía. No buscaba recursos para olvidar, y a tenerlos a mano los hubiera rechazado. A mis solas recordaba aquella dulce mirada suya, y la traducía en todos los idiomas gratos al corazón: mis largas meditaciones no eran más que una interpretación gratuita, una paráfrasis extensa, un comentario prolijo de aquel brevísimo texto. Fígurábaseme que ella debía de ocupar su pensamiento en mí como yo lo tenía clavado en ella. 

Estaba desconocido para mis amigos, y de tus cartas se deduce que notaste la agitación que me traía desasosegado. Algunas veces me daba por volverme misántropo, por arrojar los pinceles y correr calles y mirar los balcones, otras por combinar proyectos matrimoniales con planes rentísticos, y me aplicaba al trabajo con una actividad calenturienta. Lo raro es, que conservando tan bien grabado en la fantasía el original, no lograba nunca hacer un retrato suyo que me dejara satisfecho. Qué de croquis! qué de bocetos! de lápiz, de pluma, de frente, de perfil... qué se yo? y al hacerlos seguía inmediatamente el destruirlos. Antes que llegara su turno al bosquejo de uno que estaba a punto de concluir, entró de improviso mi primo Manuel y viendo la tela en el caballete exclamó: Está parecida. - Quién? pregunté azorado. - La Carmencita. - Y quién es esta muy señora mía? - Toma! la hija de D. N. N. de Artá. - Pues te engañas, es un boceto para una Santa Eulalia. - Si tendré cataratas en los ojos! A la legua se conoce que es... o que quiere ser ella. 

Qué salto de alegría me dio el corazón! Y cómo me ingenié para cortar la plática y desorientar a mi primo! 

Al día siguiente me hubieras encontrado camino de Artá aguantando, con un valor digno de mejor causa, doce o trece mortales horas de un horrible traqueteo. Cené mal y dormí peor en un mesón tal como los sabía retratar Cervantes, entablé conversación con los hostaleros, y sonsacándoles un poco averigüé de fijo que el día del Corpus no estaba en Palma la dichosa Carmencita. Dijéronme que era un tipo de hermosura; pero a mí qué me importaba? Ni siquiera quise verla: y a poco de salido el sol me tenías otra vez montado en un carro primitivo y dando la vuelta a mis abandonados lares. 

Entonces me ocurrió la idea de que era posible, ya que no probable, que mi hermosa desconocida fuese hija de alguno de los ricos propietarios domiciliados en los pueblos de la isla, y me entró la súbita afición de viajar y recorrerlos. 

Y héteme aquí, amigo mío, transformado en artista errante, ya que no en caballero andante; pero como estos en busca de una princesa encantada. Qué de hermosas vistas y pintorescos paisajes recogí para mi cartera! pero también, qué de amarguras y decepciones para mi corazón! 

En dónde, en dónde estaban mis antiguas y tranquilas horas de estudio o de recreo? Y con todo mi vida no era un infierno, porque ardía en mi pecho el amor y se mantenía indeleble mi esperanza. 

Estábamos a principios de cuaresma cuando me sorprendió en mi taller la visita de un oficial que daba el brazo a una señora. Es ella! gritó mi corazón sin que mis labios pudiesen articular una sola palabra. 

- Veníamos por si tenía V. la bondad de hacer nuestros retratos, me dijo aquel caballero. 

- Con muchísimo gusto, respondí inmediatamente. 

Y para ocultar mi turbación les ofrecí asiento, y me puse a quitar chismes y desembarazar muebles como si me importara gran cosa el arreglo de mi estancia. Retratarla! Retratarla! oh dicha inesperada! Contemplarla a mi sabor, pasar largas horas con ella, percibir la celeste melodía de su voz, respirar la fragancia de su aliento, embriagarme en las delicias de una pasión tan locamente acariciada! Cómo no había de ser tremenda la explosión de un fuego subterráneo tanto tiempo comprimido? Más de ocho meses sin haber dejado de pensar en ella un solo día: más de ocho meses de esperar en vano sin haberse reducido a polvo mis esperanzas, y verla aparecer de improviso como una visión celeste y no fugitiva! Verla dentro de mi propia casa sin mengua de su recato, verla dispuesta a ser el objeto de mil pequeñas y minuciosas atenciones, verla resignada a ser el blanco de mis ardientes miradas sin tener que reprimirme por miedo a su sonrojo! Oh! magnífica recompensa de tan larga agonía. El cielo me otorgaba más de lo que me hubiera atrevido yo a pedirle. Qué corona de artista, qué condecoración no hubiera desdeñado si entonces me la ofrecieran en cambio de no retratarla? El oro de Creso, la gloria de Murillo no me hubieran parecido una compensación equivalente. Y sin embargo, qué horrible puñalada! Aquel hombre..? Podía ser su hermano... pero no, no: una voz interior me dijo que era su marido. Su marido! 

Ay amigo mío, me encuentro en el capítulo de mis flaquezas. Aquella situación era terriblemente dramática. Clavé en ella una rápida y furtiva mirada, y por el rubor de sus mejillas parecióme que me había conocido. Si conservará mi recuerdo! A qué locas esperanzas no daba ocasión la de retratarla, y la de poder hacer para mí un segundo retrato que sin duda hubiera sido mi obra maestra? Pero, qué es esto? me dije. Voy por ventura a comenzar una carrera de libertino? He de exponerme a turbar la felicidad de estos esposos? Qué importa que la mía haya perecido? He soñado, y ya despierto. No, no he de dar ya pábulo a pensamientos hasta hoy legítimos e inocentes, de hoy más villanos y criminales. Retratarla, no es delito, no es un acto culpable... pero es ponerme en peligro de serlo. Mi pasión es pura... lo ha sido hasta ahora, tanto mayor razón de conservar su pureza. Si cedo a la tentación, si hoy no venzo en esta lucha, quién me garantiza que venceré mañana? No he de retratarla. 

Tomada esta resolución me senté, bien que con aire taciturno y pensativo, no sabiendo cómo retroceder del compromiso. Era forzoso un medio que no dejase entrar la más mínima sospecha en el corazón del marido, que tal vez era receloso por demás y sombrío. Pero el cielo que me había inspirado un buen pensamiento me abrió el camino para llevarlo a cabo. 

- Será V. tan amable, me dijo ella, que quiera decirnos antes el precio que ha de poner a su trabajo? 

- Deja, mujer, respondió el oficial, el señor sabrá lo que valga y nos hará pagar lo que sea justo. 

- El señor sabe que en bellas artes el talento nunca obtiene sobrada recompensa, y como por otra parte no hemos de ir regateando... 

- Cinco mil y quinientos reales, dije entonces yo con una frialdad heroica. 

- Santa Bárbara bendita! debió de exclamar para sus adentros el oficial; pero solo me dijo: Algo caro es. 

- Ni un maravedí menos. 

- Pues en este caso, continuó volviéndose a la joven, partamos la diferencia; comenzará por el tuyo y dejaremos para otra ocasión el mío. 

- Esto nunca, saltó ella. Pobre retrato mío sin la compañía del tuyo! Juntitos los dos como nuestros corazones. Este caballero ha pedido una cosa que sin duda será muy justa, pero la paga de capitán no es suficiente para alcanzarla. Qué le haremos? Aplazar nuestros deseos hasta que lleves los tres galones. 

- Largo me lo fías. 

- Todo se andará, hijo. 

- Pero, querida, y el recuerdo que pensábamos dejar a la familia? 

- Nada, me haré retratar de coronela. V. añadió volviéndose a mí, dispense la molestia. 

Cogiendo luego del brazo a su marido me dirigió una dulce mirada en que parecía expresarme el más vivo agradecimiento. Yo también clavé en ella, pero ya en sus espaldas, mi triste y postrimera mirada. 

Casada! exclamé golpeándome la cabeza y midiendo a largos pasos mi aposento. Casada! Tantas ansias de verla, y tanta amargura por haberla visto! Quién trocara mi despecho de hoy, por la excitación y la incertidumbre y el desasosiego de ayer! Y casi lloraba como un niño. Pero, qué? me dije, he tenido valor para ser hombre y me arrepentiré de haberlo sido? He cumplido un deber, he hecho un sacrificio, que no será comprendido, que tal vez sera mal interpretado, qué importa? Es la opinión del mundo o la justicia de Dios quien ha de darme la recompensa? 

Cinco o seis días después entró Manuel diciendo: 

- Cuando digo que a veces tienes la cabeza a pájaros... 

- Vaya un ex-abrupto. 

- Hombre, murmuran de ti y lo siento. 

- Y dicen? 

- Que sobre ser brusco y poco sociable tienes unas rarezas... que, o bien te has metido en los cascos que eres un segundo Velázquez, o bien tratas de saquear al prójimo como si fuese real de enemigos. 

- De modo que o soberbia o avaricia o... No me faltaba más sino que fuesen subiendo la escala! 

- Pues si Viedma aseguró que por un retrato habías pedido tres o cuatro veces lo que piden los demás pintores? 

- Y quién es Viedma? 

- El hombre feliz, y no es el del P. Almeyda. Un bello sujeto que tiene un fortunón deshecho: acaba de casarse con una niña hermosísima, con un ángel. 

- Siempre andas tropezando con ángeles, como si los arrojaran a granel por esos mundos de Dios. Y quién es ella? 

- Matilde la hija del Gobernador de Bellver. 

- Teníala tan cerca y buscábala yo tan lejos! pensé, y dije luego: No tengo presente haberla visto en paseo, ni... 

- Y cómo habías de verla si no venía a Palma tres veces en un año? Su madre que es mallorquina tiene una hermana paralítica a quien la niña cuidaba como si fuese su enfermera y no la abandonaba ni un momento. Es una santa. 

- También santa! prorrumpí con una intención mucho más profunda de lo que mi primo podía figurarse. Y ahora? añadí con voz algo temblorosa. 

- Ahora se marcha a Burgos con su marido que acaba de recibir el ascenso a Comandante

- Gracias, Dios mío! gracias, exclamé no con los labios sino con el corazón. 

Entrades populars: